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“La cancha no está pareja: el partido que México aún tiene que ganar”

Por: Sergiev Alvarez y Ariadna Cortés.

En el fútbol, el terreno importa. Una cancha en malas condiciones cambia el juego, limita el movimiento, aumenta el riesgo y vuelve injusta la experiencia. En la vida también: la vivienda de una familia puede marcar profundamente sus posibilidades. No es lo mismo crecer, descansar, estudiar, cuidar la salud o protegerse de la lluvia en un hogar seguro, que hacerlo sobre un piso de tierra y sin un TECHO seguro sobre tu cabeza, sin condiciones adecuadas para vivir.

México se prepara para recibir al mundo a través del fútbol. Nuestras ciudades, calles y estadios estarán en el centro de una conversación global y mientras el mundo entero se enfoca en el balón y las miradas se clavan en las pantallas, pareciera que las desigualdades se borran. Durante un mes, los países hacen a un lado sus diferencias para coexistir, celebrar y perseguir la gloria de una victoria nacional.

El fútbol, en su estado más puro, tiene esa magia pero mientras el mundo mira hacia la cancha, hay realidades que no pueden seguir quedando fuera de cámara. Según los últimos informes de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), la pobreza extrema en la región se ha estancado en niveles críticos: aproximadamente 162 millones de personas viven en situación de pobreza, de las cuales 62 millones subsisten en pobreza extrema y viven en hogares que no cuentan con servicios básicos completos o que todavía tienen piso de tierra. Esa desigualdad no es una cifra lejana: no se tiene acceso al agua potable; cuando la lluvia entra a una vivienda; cuando el polvo, la humedad o la falta de seguridad afectan el descanso, la salud y el tiempo de una familia
Para analizar el contraste económico, con lo que cuesta la entrada más barata, una familia en una zona urbana de la región apenas puede cubrir la canasta básica alimentaria de 15 días; con lo que cuesta un boleto VIP, se podrían fi nanciar las bases de la infraestructura mínima para una vivienda digna.

Desde TECHO no queremos satanizar la emoción de la Copa del Mundo. Queremos que esa emoción también abra una conversación urgente: ¿qué
legado social podemos construir más allá de los estadios? Si el fútbol puede llenar calles, activar ciudades y convocar a juventudes de distintos países, también puede animarnos a mirar las desigualdades que siguen marcando el terreno en América Latina y el Caribe. El problema sería celebrar todo lo que el fútbol puede mover sin preguntarnos qué más podríamos construir con esa misma fuerza. Así como es imposible jugar al fútbol sin un balón, es imposible vivir con dignidad sin un TECHO sobre la cabeza.

Porque este partido no se juega solo durante 90 minutos. También en asentamientos populares para superar la pobreza y mejorar las condiciones de vida de las familias, No llegamos a “ayudar” desde afuera. Construimos junto con familias, voluntades, donantes, empresas y aliadxs que saben que la desigualdad no se transforma en solitario.
Que nadie juegue ni viva en un piso de tierra no es solo una frase de campaña. Es una forma de recordar que las condiciones importan, que la dignidad empieza desde el suelo que pisamos y que ninguna familia debería vivir en un espacio que limite su salud, su seguridad o su futuro.
México va a recibir al mundo. Hagamos que más familias también tengan un lugar digno donde vivir.


¿Te sumas a ganarlo?

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